Muy buenas jóvenes. Hacía mucho tiempo que no publicaba nada en el blog, he pasado una de esas típicas rachas de falta de creatividad y de ganas tanto para salir a experimentar con la fotografía nocturna como de escribir algún post, a pesar de tener algunas fotos pendientes de colgar por aquí. Por suerte, parece que poco a poco me va veniendo la inspiración y la motivación de nuevo.

Voy a saltarme el orden cronológico en el que suelo colgar las tomas que voy haciendo para enseñaros, pero sobre todo contaros, la experiencia en mi última salida nocturna. Creo que merece la pena contaros la historia que hay detrás de una simple foto, además había que hacerlo mientras estaba la cosa caliente ya que es de hace un par de días.

Os pongo en situación: Salíamos de nocturna Fer y yo después de muchos meses sin coincidir en esto de fotografiar, y teníamos la excusa perfecta… Él para estrenar su nuevo Sigma 10-20 y yo para hacer lo propio con mi nuevo Samyang 14mm.

Se trataba del típico día tontorrón, bastante nublado pero con algunos claros. Eso sí, el buen hombre del tiempo aseguraba que nada de lluvias. Había mirado el mapa que muestra la evolución de las nubes aproximadamente y la cosa parecía apuntar maneras. Escogí una localización en la que podamos estar a cubierto por si las moscas, ya que no suelo fiarme demasiado de lo que diga la previsión: Una ermita. Ya la conocíamos de otro día y pensé que podía exprimirla mucho más.

Quedamos tarde, sobre las 20:30. No importaba demasiado llegar con poca luz ya que el sitio no tenía demasiado misterio ( 😆 ). Primer contratimepo: Al poco de coger carretera empieza a chispear… ¡Vaya con la previsión, tan acertada como siempre! Al llegar al sitio lo encontramos prácticamente tal cual lo vimos la última vez, así que entramos aprovechando que aún teníamos algo de luz (aunque no demasiada) y así podíamos ver si algo había cambiado en el interior y ver posibles encuadres y demás.

A estas alturas de la película el cielo ya estaba completamente encapotado. Pero no pasa nada, la ermita tiene un espacio interior en el que se me había ocurrido hacer una fotografía antes de salir de casa. Dejamos las mochilas y demás parafernalia en el maletero para pegar un primer vistazo, sin linternas ni nada… Total, pa’ qué.

En fin, ya conocíamos la existencia de una cripta tras uno de los muros del interior de la ermita, de hecho cuando estuvimos ya había un agujero en la pared por donde se podían ver los ocho nichos que la componen. Pues bien, esos ocho nichos los profanaron el verano pasado (Cosa que ya sabía, ya que salió en la prensa) y parece ser que esparcieron los restos por todas partes. Pues bien, ahora viene el momento álgido de la noche.

Entramos en la ermita, yo en cabeza, cruzo la zona donde se encuentra la bóveda dejando a mano izquierda el agujero que os comento que comunica con la cripta. ¿Conocéis esa sensación de ver algo por el rabillo del ojo y pensar… Uiiii…? Le digo a Fer… Mira, acabo de ver una sombra allí dentro en la cripta, y no me creas pero juraría que es un ataúd. La respuesta fue contundente, algo así como “No me jodas”. Tras comprobar los dos que efectivamente, parecía ser un ataúd, salimos de allí a un ritmo alegre para coger un par de linternas al menos.

Pues efectivamente, tras volver y enfocar con nuestras linternas nos encontramos con un ataúd negro, desconchado, dentro de uno de los nichos anteriormente profanados, y esparcidos por el suelo, restos de otros féretros con fechas y nombres aún escritos en tinta negra sobre ellos. Imaginarse nuestra cara. No lo definiría como miedo, pero el nudo en la garganta y la intranquilidad con la que me quedé durante varias horas fueron una uña.

 

Una foto publicada por Juanma Molina (@juanma__molina) el

 

A estas alturas ya teníamos claro que allí no íbamos a quedarnos, pero se nos ocurrió otear un poco el terreno (No se ni para qué!!) desde el agujero de la pared con las linternas y nos encontramos la puntillita: Teníamos bajo nuestros ojos, apenas a 40 o 50 centímetros de nosotros un pequeño zapato blanco con una florecita en el empeine, típico de un enterramiento. Además era muy pequeño, sin lugar a dudas de una niña muy, muy pequeña. En ese momento decidimos que allí no pintábamos ya demasiado con lo que lo mejor era irse. Aproximadamente tardamos 2,5 segundos en subir una rampa de piedras y saltar un muro, todo un Guiness. Encima, en ese momento se puso a llover con bastante fuerza, lo que faltaba!

 Ya os digo, mal rollo a tope, y una sensación de intranquilidad curiosa. Si habían profanado los ocho nichos y habían roto todos los féretros, ¿Por qué ese no? ¿Lo habían puesto a posteriori? ¿Para qué?

En fin, después de lo que yo he bautizado como “La nocturna paranormal”, nos fuimos en busca de un par de molinos cerca del lugar que resultaron ser una birria (Uno de ellos ni lo encontramos), por lo que decidimos volver a una localización que ya habíamos estado también hacía mucho tiempo y que yo tenía muchas ganas de volver, incluso había vuelto en otra ocasión pero me había encontrado el acceso cerrado, así que volvimos a probar.

Se trata de Villa Milagros (En los siguientes enlaces podéis ver mis dos anteriores visitas, diurna y nocturna, además de un vídeo). La idea era tomar contacto con el Samyang y su hiperfocal, y la verdad es que la primera impresión es fantástica. No tuve problemas, y eso que disparé a f/2.8.

Hoy voy a enseñaros dos de las fotografías que pude hacer. La primera de ellas, aprovechando que el cielo había clareado bastante pero aún habían unas cuantas nubes con un movimiento muy atractivo para capturarlas durante varios segundos. En la noche las nubes van a jugar un papel crucial en la composición, hay que fijarse muy bien en que dirección se mueven para encuadrar,  componer y exponer en función a ello. Una exposición muy corta hará que apenas consigamos trazas de nubes y una excesivamente prolongada que se conviertan en una masa sin demasiado atractivo.

DSC1629_00004“Tempus fugit”
Exif: Nikon 610 – f/2.8 – 120s – ISO200 – 3000K – 14mm – Samyang 14mm

No recordaba que hubiese tanta contaminación lumínica residual que afectase a la fachada, por lo que preferí aliarme a ella y no tocar nada en cuanto a luz principal de la casa. Lo que si que hice fue utilizar una linterna cálida para iluminar levemente el suelo, arbustos y demás. Además, como os digo, exponer en función del movimiento de las nubes, para que aportasen este dinamismo a la imagen final.

Y la siguiente imagen es una toma cogida de una circumpolar. Es un plato que últimamente se me resiste, me proponga salir a la caza de una circumpolar y no hay manera por las nubes. De ésta noche pude rescatar algunas tomas para montar una de algunos minutos pero pequeña, aunque os la mostraré otro día. La que véis debajo de éstas líneas pertenece al momento en el que ya se empezaban a introducir las nubes de forma muy notoria en el encuadre, pero no solo se introdujeron ellas. Un bólido decidió también que era un buen momento para cruzar el cielo estrellado y ahí estaba mi cámara para capturarlo.

DSC1686“Pillado”
Exif: Nikon 610 – f/2.8 – 25s – ISO800 – 3000K – 14mm – Samyang 14mm

Y hasta aquí la entrada de hoy chavales. Siento no haber estado demasiado activo durante las últimas dos o tres semanas, pero como os digo me sentía un poco fuera de inspiración, pero ya lo tenemos solventado, así que aquí estoy de nuevo dando guerra 😉 . En unos días publicaré una nueva entrada y otro capítulo de la escuela nocturna, además de grabar y colgar algún que otro nuevo vídeo en mi canal de Youtube sobre fotografía nocturna.

¿Y a vosotros, os ha pasado alguna anécdota con tintes paranormales? ¿Algún buen susto durante vuestras sesiones nocturnas? A ver si os animáis y me dejáis algún comentario contándome alguna de vuestras experiencias 😉 .

Un saludo a todos y muchas gracias por estar ahí.

Nos vemos pronto.
A cuidarse!