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2. Balance de blancos

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También llamado “White balance” o temperatura de color. Configurando adecuadamente el balance de blancos, básicamente y muy a grandes rasgos lo que haremos es elegir los tonos predominantes de nuestra imagen. Está representado en Kelvin (Desde 2500K hasta los 10000K). Mediante este parámetro le estaremos indicando a nuestra cámara de qué color es lo que tenemos delante del visor, para así, mediante una serie de filtros internos, contrarrestarlo. Es importante aclarar esto, no le indicamos que queremos una foto con tonos naranjas, sino que lo que tenemos delante es de color azul.

[/fusion_text][fusion_imageframe image_id=”2720″ style_type=”none” hover_type=”none” align=”center” lightbox=”no” linktarget=”_self” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” animation_direction=”left” animation_speed=”0.3″]https://recogeyvamonos.com/wp-content/uploads/2015/03/WB1-e1483353512467.png[/fusion_imageframe][fusion_text]

En modelos de cámaras más avanzados podremos elegir los Kelvin de manera manual, indicando el valor exacto que deseamos. En otras más sencillas, sin embargo, solo nos dejará seleccionar los modos preestablecidos, como pueden ser tungsteno, fluorescente, flash, nublado…

Vamos a ver un ejemplo: Si estamos fotografiando un castillo iluminado con luces cálidas que le otorgan un color anaranjado, configuraremos nuestro balance de blancos en valores cercanos a 2500K o en Tungsteno si no disponemos de la selección manual de balance de blancos, para contrarrestar así el tono anaranjado.

A efectos prácticos, podemos decir que para conseguir un cielo con tonos anaranjados, más surrealista y dramático, nos acercaremos más a los 10000K.

[/fusion_text][fusion_imageframe image_id=”3211″ style_type=”none” hover_type=”none” align=”center” lightbox=”no” linktarget=”_self” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” animation_direction=”left” animation_speed=”0.3″]https://recogeyvamonos.com/wp-content/uploads/2015/03/calidos-1030×281.jpg[/fusion_imageframe][fusion_title hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” size=”6″ content_align=”center” style_type=”default”]

De izquierda a derecha: 5000K – 5200K – 8000K

[/fusion_title][fusion_imageframe image_id=”3212″ style_type=”none” hover_type=”none” align=”center” lightbox=”no” linktarget=”_self” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” animation_direction=”left” animation_speed=”0.3″]https://recogeyvamonos.com/wp-content/uploads/2015/03/fria-1030×229.jpg[/fusion_imageframe][fusion_title hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” size=”6″ content_align=”center” style_type=”default”]

De izquierda a derecha: 2500K – 3800K – 4100K

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Referente a cuando elegir balance de blancos, nos encontraremos opiniones enfrentadas: Habrá quién lo configure en el momento exacto de hacer la toma y quien prefiera hacerlo después mediante el procesando del RAW.

Personalmente, soy defensor de la primera de las opciones. Prefiero determinar en cada fotografía el WB in situ, en función de lo que quiera transmitir con la fotografía y además así puedo saber al instante el resultado final que tiene la misma, sin necesidad de perder tiempo delante del ordenador. Conociendo el comportamiento del balance de blancos también podremos saber el aspecto de nuestra fotografía incluso antes de realizarla, pudiendo así planificar cada una de nuestras tomas.

En el caso de que la fotografía que vayamos a hacer no tenga luz aportada por nosotros podremos elegir el WB a posteriori en el ordenador, mientras que si pensamos iluminar nosotros la escena debemos cuidar mucho este detalle y seleccionar el balance de blancos antes de hacer la fotografía y no dejarlo para el procesado, ya que cambiará mucho el resultado final. Podéis verlo en el siguiente ejemplo:

[/fusion_text][fusion_imageframe image_id=”3214″ style_type=”none” hover_type=”none” align=”center” lightbox=”no” linktarget=”_self” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” animation_direction=”left” animation_speed=”0.3″]https://recogeyvamonos.com/wp-content/uploads/2015/03/resumenWB-1-1030×687.jpg[/fusion_imageframe][fusion_text]

Las dos fotografías de la izquierda (1 y 3) son las originales, sacadas tal cual de la cámara, mientras que a las de la derecha (2 y 4) se les ha modificado el balance de blancos en el procesado. Además, en ambas fotografías tienen luz aportada por mí mediante linterna: En la de arriba luz fría y en la de abajo cálida.

Empezamos por la primera de la izquierda (1): Balance de blancos de 5200K y luz fría con una linterna de led. Posteriormente, en el procesado le he bajado el WB hasta los 3000K (2). Como vemos el resultado de la (2) con respecto a la (3) (de similar balance de blancos) es completamente distinto.

Si nos fijamos en la imagen número (3), se escogió un WB de 3000K y una linterna cálida. En el procesado he aumentado el WB hasta 5200K, y podemos ver como el resultado también es distinto con respecto a la (1).

Es por ello que, si vamos a iluminar la escena, es muy importante que elijamos adecuadamente el balance de blancos en el momento de hacer la fotografía y realicemos la iluminación en función a él.

En la siguiente imagen podéis ver cómo cambia nuestra fotografía en función del balance de blancos elegido.

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Y hasta aquí mi explicación sobre el balance de blancos, si tenéis cualquier duda o sugerencia no dudéis en dejarlo en comentarios o a través de correo electrónico. Podéis revisar los conceptos básicos en la anterior entrada en la escuela nocturna.

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